sábado, 20 de diciembre de 2025

Una Carta que llegó hasta mí desde 1917: Cesar Zumeta a Ezequiel Vivas para Juan Vicente Gómez

 

Una Carta que llegó hasta mí desde 1917

Cesar Zumeta a Ezequiel Vivas: Una acusación contra Venezuela y el Primer tambor de gasolina producido en Venezuela

 

Autor: Rodolfo Vivas Barrera.

Historiador y Pol
ítico, Red de Historia Memoria y Patrimonio, Formador PSUV Mérida.

 

Buscando en mis archivos personales de investigación histórica, encontré una carta de enorme valor documental y simbólico. Está fechada el 6 de noviembre de 1917, escrita desde Nueva York y  firmada por el intelectual venezolano Cesar Zumeta. No se trata de un documento oficial, sino de una carta privada dirigida al doctor Ezequiel Vivas, quien para entonces se desempeñaba como Secretario Privado del presidente Juan Vicente Gómez.

Más allá de los azares personales que explican cómo este documento llegó a mis manos, detalles que quizá algún día valga la pena contar, lo cierto es que esta carta ofrece una ventana excepcional para comprender la posición internacional de Venezuela en medio de la Primera Guerra Mundial, así como las tensiones que se tejían desde los centros de poder en torno a nuestro país.

En ella, Zumeta deja entrever una preocupación profunda: la construcción, desde ciertos espacios de la prensa y del ambiente diplomático estadounidense, de una narrativa que presentaba a Venezuela como un país pro-káiser, es decir, simpatizante de Alemania, lo cual ponía en entredicho su neutralidad frente a las potencias de la Entente. Más que un ataque personal contra Gómez, Zumeta interpreta esta narrativa como un acto de hostilidad contra la nación venezolana, capaz de abrir el camino a presiones externas de mayor envergadura.

El propio Zumeta lo expresa con claridad en el primer párrafo de la carta, cuando señala que dicho reporte constituye, en el fondo, una denuncia del Gobierno venezolano ante las potencias beligerantes por supuesta violación de los deberes de neutralidad. Se pregunta incluso si el objetivo último no sería provocar una intervención extranjera, aprovechando las viejas rivalidades internas y los enemigos históricos del régimen.

cito textualmente el primer párrafo de esta carta:

“Acabo de tener la desagradable sorpresa de leer el reporte que le acompaño. Más que un ataque a la personalidad del General Gómez, es un acto de hostilidad contra el país, porque en el fondo constituye una denuncia del Gobierno Venezolano ante las Potencias de la Entente por violación de los deberes de neutralidad. ¿Qué se propone el señor de la Cova? ¿Solicitar la intervención extranjera en favor de Cipriano, Baptista y Compañía?”

Conviene aclarar algo esencial: no se trata aquí de justificar el gomecismo, ni de exaltar su carácter autoritario. El interés de esta lectura es otro. Lo que esta carta revela es cómo, desde el exterior, se percibía y se alimentaba un clima adverso hacia Venezuela, en el que la debilidad interna y las disputas políticas eran instrumentalizadas para presentar al país como una amenaza regional o como un actor alineado con intereses ajenos.

En otro fragmento de esta hermosa carta Zumeta apela al carácter nacional y dice: “No es posible que se les permita detener en un momento más interesante la evolución de Venezuela. Bien sabemos que la obra está lejos de ser perfecta, pero es la mejor que la época permite; es todavía mejor de lo que las condiciones del país consienten, y hay que defenderla porque en ella va vinculada el alma de la nacionalidad”.

Tal vez este lenguaje nos resulte familiar. Tal vez parezca una fábula repetida a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, hay algo que atraviesa el texto con fuerza: la convicción de que ni siquiera los adversarios más acérrimos del gobierno habían llegado al extremo de renunciar abiertamente al carácter nacional ni de legitimar el despojo de los recursos del país.

No es casual que la carta cierre con una referencia que, vista desde hoy, resulta especialmente significativa. Zumeta pide que se felicite a Gómez por la producción del primer tambor de gasolina venezolana, celebrando la posibilidad de resolver el alto costo del combustible mediante producción nacional. Más allá de las limitaciones técnicas de la época, este gesto revela una conciencia temprana sobre la soberanía de los recursos, en un momento en que el petróleo comenzaba a perfilarse como eje estratégico del siglo XX.

Cito nuevamente: “No le escribo por este correo al General. Le ruego lo felicite en mi nombre por haberse producido ya el primer tambor de gasolina venezolana. No estaba yo descaminado cuando hace cosa de un año le escribía que podíamos resolver la cuestión del alto precio de ese combustible produciéndolo acá”

Nuestra historia no miente. Y quizá por eso resulte necesario volver a leerla con atención. Quienes hoy celebran con ligereza discursos y doctrinas que justifican la apropiación externa de nuestros recursos deberían recordar que, incluso en los años más duros de nuestra vida republicana, no hubo venezolanos que defendieran abiertamente el despojo de lo que por derecho natural pertenece a la nación.

Quienes hoy aplauden y sosiegan el Corolario Trump por querer apoderarse de nuestros recursos en pleno siglo XXI deben considerar que en los años más fuertes de nuestra Patria, nunca nadie antes se había manifestado en favor del despojo de nuestra tierra.

La carta de César Zumeta constituye una fuente excepcional para comprender cómo, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, sectores diplomáticos e intelectuales venezolanos percibieron la construcción de un clima internacional adverso que podía derivar en formas de intervención externa, especialmente bajo acusaciones de pro-alemanismo. Esta percepción, lejos de justificar el gomecismo, revela una temprana conciencia sobre la defensa de la soberanía, la neutralidad y los recursos nacionales, elementos que permiten trazar continuidades históricas en la relación entre Venezuela y Estados Unidos.

Cualquier parecido con la actualidad no es coincidencia!!!

 

 



 

 


 

 


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