Una Carta que llegó hasta mí
desde 1917
Cesar Zumeta a Ezequiel
Vivas: Una acusación contra Venezuela y el Primer tambor de gasolina producido
en Venezuela
Autor: Rodolfo Vivas Barrera.
ítico, Red de Historia Memoria y Patrimonio, Formador PSUV Mérida.
Buscando en mis archivos
personales de investigación histórica, encontré una carta de enorme valor
documental y simbólico. Está fechada el 6 de noviembre de 1917, escrita desde
Nueva York y firmada por el intelectual
venezolano Cesar Zumeta. No se trata de un documento oficial, sino de una carta
privada dirigida al doctor Ezequiel Vivas, quien para entonces se desempeñaba
como Secretario Privado del presidente Juan Vicente Gómez.
Más allá de los azares personales
que explican cómo este documento llegó a mis manos, detalles que quizá algún
día valga la pena contar, lo cierto es que esta carta ofrece una ventana
excepcional para comprender la posición internacional de Venezuela en medio de
la Primera Guerra Mundial, así como las tensiones que se tejían desde los
centros de poder en torno a nuestro país.
En ella, Zumeta deja entrever una
preocupación profunda: la construcción, desde ciertos espacios de la prensa y
del ambiente diplomático estadounidense, de una narrativa que presentaba a
Venezuela como un país pro-káiser, es decir, simpatizante de Alemania, lo cual
ponía en entredicho su neutralidad frente a las potencias de la Entente. Más
que un ataque personal contra Gómez, Zumeta interpreta esta narrativa como un acto de hostilidad contra la nación
venezolana, capaz de abrir el camino a presiones externas de mayor envergadura.
El propio Zumeta lo expresa con
claridad en el primer párrafo de la carta, cuando señala que dicho reporte
constituye, en el fondo, una denuncia del Gobierno venezolano ante las
potencias beligerantes por supuesta violación de los deberes de neutralidad. Se
pregunta incluso si el objetivo último no sería provocar una intervención
extranjera, aprovechando las viejas rivalidades internas y los enemigos
históricos del régimen.
cito textualmente el primer párrafo
de esta carta:
“Acabo de tener la desagradable sorpresa de leer el reporte que le
acompaño. Más que un ataque a la personalidad del General Gómez, es un acto de
hostilidad contra el país, porque en el fondo constituye una denuncia del
Gobierno Venezolano ante las Potencias de la Entente por violación de los
deberes de neutralidad. ¿Qué se propone el señor de la Cova? ¿Solicitar la
intervención extranjera en favor de Cipriano, Baptista y Compañía?”
Conviene aclarar algo esencial:
no se trata aquí de justificar el gomecismo, ni de exaltar su carácter autoritario.
El interés de esta lectura es otro. Lo que esta carta revela es cómo, desde el
exterior, se percibía y se alimentaba un clima adverso hacia Venezuela, en el
que la debilidad interna y las disputas políticas eran instrumentalizadas para
presentar al país como una amenaza regional o como un actor alineado con
intereses ajenos.
En otro fragmento de esta hermosa
carta Zumeta apela al carácter nacional y dice: “No es posible que se les permita detener en un momento más
interesante la evolución de Venezuela. Bien sabemos que la obra está lejos de
ser perfecta, pero es la mejor que la época permite; es todavía mejor de lo que
las condiciones del país consienten, y hay que defenderla porque en ella va
vinculada el alma de la nacionalidad”.
Tal vez este lenguaje nos resulte
familiar. Tal vez parezca una fábula repetida a lo largo de nuestra historia.
Sin embargo, hay algo que atraviesa el texto con fuerza: la convicción de que ni siquiera los adversarios más acérrimos
del gobierno habían llegado al extremo de renunciar abiertamente al carácter
nacional ni de legitimar el despojo de los recursos del país.
No es casual que la carta cierre
con una referencia que, vista desde hoy, resulta especialmente significativa.
Zumeta pide que se felicite a Gómez por la producción del primer tambor de
gasolina venezolana, celebrando la posibilidad de resolver el alto costo del
combustible mediante producción nacional. Más allá de las limitaciones técnicas
de la época, este gesto revela una conciencia temprana sobre la soberanía de
los recursos, en un momento en que el petróleo comenzaba a perfilarse como eje
estratégico del siglo XX.
Cito nuevamente: “No le escribo por este correo al General. Le
ruego lo felicite en mi nombre por haberse producido ya el primer tambor de
gasolina venezolana. No estaba yo descaminado cuando hace cosa de un año le
escribía que podíamos resolver la cuestión del alto precio de ese combustible
produciéndolo acá”
Nuestra historia no miente. Y
quizá por eso resulte necesario volver a leerla con atención. Quienes hoy
celebran con ligereza discursos y doctrinas que justifican la apropiación
externa de nuestros recursos deberían recordar que, incluso en los años más
duros de nuestra vida republicana, no
hubo venezolanos que defendieran abiertamente el despojo de lo que por derecho
natural pertenece a la nación.
Quienes hoy aplauden y sosiegan el
Corolario Trump por querer apoderarse de nuestros recursos en pleno siglo XXI
deben considerar que en los años más fuertes de nuestra Patria, nunca nadie
antes se había manifestado en favor del despojo de nuestra tierra.
La carta de César Zumeta
constituye una fuente excepcional para comprender cómo, en el contexto de la
Primera Guerra Mundial, sectores diplomáticos e intelectuales venezolanos
percibieron la construcción de un clima internacional adverso que podía derivar
en formas de intervención externa, especialmente bajo acusaciones de
pro-alemanismo. Esta percepción, lejos de justificar el gomecismo, revela una
temprana conciencia sobre la defensa de la soberanía, la neutralidad y los
recursos nacionales, elementos que permiten trazar continuidades históricas en
la relación entre Venezuela y Estados Unidos.
Cualquier parecido con la
actualidad no es coincidencia!!!
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